Debates presidenciales

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Aprovecho que es temporada de debates políticos en México y traduzco algunos párrafos del libro Presidential Debates: Fifty Years of High-Risk TV, de Alan Shroeder.  

“Debo decir que el asunto más importante en el negocio del gobierno y la política, es no aburrir a la gente.”

-Richard Nixon a Jack Paar en The Tonight Show, 25 de Agosto de 1960.

El primer debate presidencial. 

En una cena de conmemoración de los 25 años del debate, Oliver Treyz, presidente de ABC news recordaba el momento: “Le pregunté ¿Se siente bien?, porque parecía enfermo. Y él respondió: No tan bien, tengo ciento dos grados de temperatura.”

Cuándo Nixon sacó de su bolsillo  un bote de Terramicina, Treyz le preguntó si deseaba cancelar. Nixon se negó, dijo que no quería ser visto como un cobarde.

Antes de empezar el debate, Los temas tratados por John F. Kennedy y Richard Nixon eran familiares para todos los seguidores de las noticias en 1960: comunismo y seguridad nacional; trabajo y problemas en la agricultura; la experiencia de cada candidato en cuanto liderazgo.

Aunque la sustancia de sus intervenciones sería lo que más se tomara en cuenta para llenar las columnas en los periódicos del día siguiente, las características personales de los participantes fue lo que resonó en los televidentes. Pasadas las horas, nadie podía recordar lo que se había dicho, sólo como lucían y como se sentían.

“Reconozco el error principal que he cometido,” escribiría Nixon en Six Crisis “me he concentrado demasiado en la sustancia y no lo suficiente en la apariencia”.

En retrospectiva, la participación de Richard Nixon en los debates de 1960 es considerada como uno de los mayores desaciertos en la historia de las campañas políticas. Inclusive en ese momento, parecía que el vicepresidente estaba actuando en contra de sus instintos. Al principio de la competencia, Nixon le aseguró a su equipo de campaña que realizar debates contra Kennedy era  impensable. “En 1964 un maldito tonto candidato titular (se reelegía) Jerry Voorhis debatió contra un joven abogado y le costo la elección,” le recordaba a su equipo, citando su propia experiencia. Nixon obviamente había entendido lo que después para los candidatos punteros o los que buscaban la reelección, considerarían un evangelio: Los debates televisados favorecen al retador.

Carter vs. Reagan.

Aunque Jimmy Carter consideraba a Ronald Reagan como intelectualmente inferior, otros demócratas estaban comprensiblemente aprehensivos sobre la capacidad de desempeño del exgobernador de California.

Carter en un principio pensó en acordar varios debates, esperando que “durante un  mayor periodo de tiempo, Reagan y yo tendremos que tratar asuntos específicos, donde mi conocimiento sobre política doméstica e internacional me dará ventaja”. Como Nixon antes de él, Carter equivocadamente asumió que la sustancia prevalecería sobre la forma.

 Cuando finalmente los dos candidatos acordaron debatir, sólo se pudo programar un solo encuentro antes del día de la elección.

Después de uno de los desempeños más exitosos en la historia de los debates, a Regan se le preguntó si se había puesto nervioso al compartir el escenario con el presidente de Estados Unidos. La respuesta de Reagan puso las cosas en perspectiva. “Para nada, he compartido el mismo escenario con John Wayne”.

 Objetivos universales del debate.

La estrategia para un debate, debe ser especialmente confeccionada para el momento y candidato específico. Sin embargo, cinco décadas de debates presidenciales en Estados Unidos, han dejado claro que determinados objetivos aplican a todos los candidatos.

 Proteger el liderazgo.

 El objetivo básico en un debate presidencial es comandar el escenario. Por virtud de su estructura competitiva, los debates televisivos proveen un foro natural para la expresión de autoridad. Por eso, los contendientes luchan para controlar la narrativa; cuando uno se apodera del evento, las audiencias atestiguan capacidad de mando.

Caer bien.

El que debate además de proteger su liderazgo, debe conectar con los votantes de manera humana. El contenido emocional del debate quedará en la memoria de las personas, por más tiempo que las ideas expresadas. Un candidato puede fallar en todos sus objetivos para el debate y aún así generar que los espectadores en casa sientan empatía o simpatía por él.

La dificultad para los candidatos desde luego, es que la simpatía no se puede manufacturar. En tiempos de elecciones, cuando los sentimientos políticos están por lo alto, un candidato será adorado por un segmento de la población y por otro segmento será odiado.

Disipar las percepciones negativas.

 Los candidatos no solo deben utilizar los debates para comunicar rasgos positivos, deben contrarrestar las debilidades percibidas en su figura.  Los personajes que se enfrentan en un debate televisado, generalmente son personas con una conocida trayectoria pública. Puede ser el momento de modificar determinadas percepciones.

Aunque Shroeder analiza debates presidenciales americanos, como él mismo argumenta, existen objetivos universales que aplican a todo aquél político que participe en un debate: proteger el liderazgo, caer bien, disipar las percepciones…

En México se pretende un debate entre la dirigente del Partido Revolucionario Institucional,  Beatriz Paredes y su homólogo del Partido Acción Nacional, Germán Martínez. En los último días, Jesús Ortega dirigente del Partido de la Revolución Democrática, se integró a las negociaciones después de hacer un reclamo sobre por qué no se le había tomado en cuenta.

La exgobernadora de Tlaxcala retó al debate con la finalidad de “contrastar las posiciones de las fuerzas políticas sobre los principales temas de la vida nacional”. Espero que los estrategas de la líder priísta, den la importancia suficiente a la naturaleza superficial del ejercicio y a las características peculiares del representante del PAN

En Coahuila, el Instituto Federal Electoral inició con los debates entre candidatos a diputados federales. Aunque estos eventos no son televisados, el desempeño de los políticos será evaluado por los asistentes y los medios de comunicación.   Significan una oportunidad para que los habitantes de cada distrito conozcan de cerca y sin intermediarios, a los personajes que compiten por representar sus intereses en el Congreso de la Unión.

Fotografía de Strader Payton

2 Respuestas a “Debates presidenciales

  1. Excelente análisis del mundo de los debates electorales, algo que, por ejemplo, en España no estamos muy acostumbrados pero que son esenciales para el buen funcionamiento de la democracia.

    • En México la práctica de debates televisados también es relativamente nueva. Es importante que los equipos de campaña sean estratégicos a la hora de negociar estos ejercicios democráticos.

      Albert: Aprecio tu comentario especialmente por venir de un buen bloguero de comunicación política.

      http://albertmedran.com/bloc_cast/

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