La cigarra y la hormiga

En la fábula de la cigarra y la hormiga, la cigarra retozó y descansó durante todo el verano, para terminar en un helado invierno sin una mosca y sin un gusano.

La hormiga por otro lado, sobrevivió fácilmente al invierno resguardada en su caverna llena de los granos y frutos que trabajó durante todo el año.

Históricamente y a consecuencia de muchos factores, los países subdesarrollados y aquellos en  vía de desarrollo, hemos actuado como lo hizo la cigarra.  Fallamos en los métodos de producción y de organización política, de tal forma que tenemos hambre y nos entumimos todos los inviernos y los veranos también.

Hoy, que nuestro planeta y nuestra civilización están en riesgo por el calentamiento global y el grave deterioro ambiental, nuestro país como muchos otros se encuentra alejado de mitigar el impacto a la naturaleza, debido sus prácticas deficientes.

Acontecimientos cómo el derretimiento de gigantescas placas de  hielo en el polo norte o la devastación de huracán Mitch en Centroamérica, parecen no tener relación con México y sin embargo,  existe un vínculo directo con las causas y consecuencias de estos eventos. Nuestra forma de vivir, de consumir energía, de malgastar los recursos, y de contaminar, son las lesiones que de manera invisible alimentan al deterioro de medio ambiente. 

A México ya se nos juntaron  las tareas. A la par de arreglar la desigualdad social y la sustentabilidad económica, debemos empezar a tomar una actitud más responsable en cuanto nuestra relación con la naturaleza.

Estamos obligados a mejorar en la eficiencia del suministro y la distribución de energéticos, impulsar la transición del combustible de carbón al gas y a las energías renovables como la energía hidroeléctrica, la solar o la eólica.

Apoyar la compra de vehículos de combustibles más eficientes, rehabilitar al tren como ruta de transporte de pasajeros, crear la infraestructura para que las personas puedan caminar o utilizar la bicicleta en las ciudades.

Alguien dijo alguna vez:

Bien podría la naturaleza ser nuestro Dios… tiene el poder de destruir y dar vida, mas no de defenderse de su creación -el hombre-.

 

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