Procesos disociativos

La sociedad se desarrolla  a través del movimiento histórico formado por la acción de grupos, etnias, asociaciones y clases que unas veces en oposición y otras en acuerdo, le dan contenido y esencia al tejido social. Mediante dinámicas de enfrentamiento como un divorcio, una huelga o una guerra o de alianza como una amistad, un negocio o un proceso democrático, cada día el rostro de la nación mexicana cambia debido a la evolución que experimenta.

La rotunda negativa de los sectores económicos del país y de los legisladores de oposición a la propuesta de incremento de impuestos propuesta por el Presidente Felipe Calderón, así como la reciente convocatoria  que hace el líder nacional del PRD, Jesús Ortega Martínez a las organizaciones sociales para  realizar movilizaciones y protestas callejeras  en rechazo a dichos impuestos, son ejemplos actuales de esos procesos disociativos, de oposición o de ruptura.

Se dice que el principal proceso social de desintegración es la lucha de clases. El próximo año celebraremos en nuestro país, el bicentenario de la Independencia y los cien años de la revolución mexicana, dos insurrecciones derivadas del grave descontento de la clase social miserable.

El desarrollo de una nación es consecuencia del impulso que le imprime la oposición de las clases sociales, mediante todos los medios legales o pacíficos a su alcance: huelgas, lucha parlamentaria, debates públicos, mítines, etc.  Hoy en México, el grupo político que detenta el poder federal, aspira a conservar las relaciones sociales existentes, porque le benefician; en cambio el resto de fracciones políticas, sectores económicos y organizaciones sociales, reclaman la transformación de  dicho estatus.

El presidente quiere imponer un tributo para poder mantener una maquinaria gubernamental deficiente en su funcionamiento y su diseño. Se pierde mucho dinero en burocracia y el que alcanza a llegar a las manos de los pobres, viene contaminado de un paternalismo que los convierte en dependientes. La gente ya se hartó de eso, ahora reclaman empleo, quieren sentirse útiles, quieren despertar.

Adecuada la frase del novelista inglés Arthur Koestler:

Lo que necesita la revolución no son héroes, sino funcionarios de acero.

28 sept

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