Los muertos de Patricia

Ayer en una entrevista, la secretaria de Relaciones Exteriores de México Patricia Espinosa, justificó la guerra contra el narco en nuestro país al declarar que: “Quien dude de que la lucha contra el narcotráfico en México esté arrojando resultados, debe mirar la cantidad de muertos en episodios sangrientos que no son reclamados por sus familias”

El comentario de la funcionaria calderonista fue desafortunado y totalmente inconveniente, ya que de entrada encajo en el error que  frecuentemente cometen los políticos al ubicar los indicadores de éxito de un proyecto o programa gubernamental. De manera incorrecta, suelen medir el funcionamiento de una política pública por la suma de las acciones implementadas para lograr dicho fin. Pero es muy sencillo, un programa se logra si cumplió con su objetivo principal.

En el ejemplo de la lucha contra el narco, el fracaso o acierto de dicha medida, se define por la disminución o aumento del tráfico de estupefacientes, no por el número de capos detenidos, de propiedades ilegales confiscadas y mucho menos por el número de muertos no reclamados.   El hecho de que se capturen más cabecillas del crimen organizado o aumenten los enfrentamientos entre traficantes y las fuerzas federales, no significa que se esté cumpliendo el objetivo final que es la disminución del tráfico de droga.

En su declaración, Patricia Espinosa además de evidenciar una falta de sensibilidad, demostró un malentendido del contexto criminal en México. Al justificar los avances de la lucha contra el narcotráfico por el incremento en los muertos no reclamados por sus familias, avala los inconvenientes que los parientes de esos fallecidos tienen para recoger sus restos: Temor a la autoridad, a los mismos narcotraficantes, a la sociedad o inclusive el desconocimiento del paradero de ese miembro de su familia.

Si la meta primordial de la cruzada del presidente Calderón es la terminación del narcotráfico o el retorno de la seguridad, no puede alardearse de victorias sobre un solo frente como son los choques contra las bandas criminales.

Para lograr una finalidad tan grande como lo es la disminución en el comercio de narcóticos o la devolución de la tranquilidad a los ciudadanos, se necesita mucho más que una pila de cadáveres abandonados en cada anfiteatro del país.

Todos esos traficantes, sicarios y policías corruptos que ahora tienen secuestrado al país, hace poco eran niños sin dinero, sin educación y sin oportunidades. Los podemos seguir matando, pero de inmediato vendrán otras generaciones a sustituirlos.

Decía el emperador romano Julio César:

Nada es más fácil que censurar a los muertos.

29 sept

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