“Richie” en apuros.

El fin de semana la policía de Santa Catarina Nuevo León nos recordó que inclusive aquellos con poder político o económico pueden ser encerrados por conducir en estado de ebriedad y peor aún por desafiar a los oficiales de tránsito. El alcalde de Ramos Arizpe Ricardo Aguirre, fue detenido la madrugada del viernes cuando en estado de ebriedad insultó a los uniformados que intentaban arrestar a su también alcoholizado secretario particular. El panista estaba fuera de su territorio.

Campañas como la de “conductor designado” no han podido romper con la inconsciencia que caracteriza a la sociedad mexicana en el tema de las borracheras. Medidas coercitivas como los retenes policiacos de madrugada o las multas de tránsito con importes de hasta veinticinco mil pesos, parecen funcionar solo en municipios como  Monterrey o San Pedro donde los policías están bien pagados pero sobre todo, bien vigilados.

Que no se apene Ricardo Aguirre por la foto que le  tomaron en la comandancia o por la primera plana que mereció su incidente. Luego los políticos de dicen cercanos al pueblo y cuando de enfrentar situaciones embarazosas se trata, hacen valer los privilegios de su posición gubernamental. 

La ocasión, se presta para invitarlo una vez más a usted radio escucha a que se mida cuando tome y pretenda manejar. No lo haga por evitar una multa o una cuartilla en la sección policiaca, actué consecuente a la responsabilidad que acarrea por conducir un vehículo capaz de matar a sus pasajeros o a cualquier peatón inocente.

Según el Centro de Estadísticas de Accidentes de Tránsito, en Coahuila como en los demás estados del país, la principal causa externa de mortalidad es por accidente automovilístico, en segundo lugar le sigue la muerte de peatón por accidente con automóvil. En México, 7 de cada 10 accidentes vehiculares están relacionados con el alcoholismo.

Formamos parte de una comunidad que se alarma y se vacuna contra la influenza, sin darse cuenta que muere porque es obesa y padece diabetes. Una sociedad de personas atemorizadas por la violencia, pero que disparan sus posibilidades de fallecer cuando conducen intoxicadas por el licor.

Cierro con una frase del religioso español San Ignacio de Loyola:

No tener moderación muchas veces es causa de que el bien se convierta en mal y la virtud en vicio.

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