Interesantes fiestas en honor a los muertos

En estas fechas de ofrendas a los difuntos, convivios en los panteones y rimas enlazadas para formar calaveras, solemos decir que los mexicanos no le tenemos miedo a la muerte.

Que inocente suena esa jactancia al comparar nuestra cultura con otros pueblos y sus tradiciones.

Por ejemplo, los malgaches, esto es los habitantes de Madagascar la isla al sureste del continente africano, exhuman los huesos de los parientes muertos y los pasean alrededor de los poblados en una ceremonia llamada Famadihana.

Después de bailar con el cadáver de su pariente, envuelven los restos en un sudario nuevo y los entierran de otra vez.

Los sudarios viejos son entregados a los recién casados y a las parejas sin hijos, para que cubran con ellos el lecho matrimonial.

Esta costumbre está basada en la creencia de que los espíritus de los muertos finalmente se unen al mundo de sus ancestros, después de las respectivas ceremonias religiosas y de la completa descomposición del cuerpo por el paso de los años. En Madagascar este hecho se ha convertido en una festividad que se realiza cada 7 años y permite juntar a las familias en una celebración a los vínculos de parentesco.

En el otro lado del mundo, en Nueva Orleans, Luisiana, celebran los funerales con Jazz. Un funeral como éste comienza con una marcha integrada por la familia, los amigos y una banda de jazz que parte de la iglesia al cementerio, tocando melodías sombrías y tristes. Una vez que la ceremonia de clausura ha tenido lugar, los  deudos avanzan desde el panteón a un lugar de reunión, y la música solemne se sustituye por ritmos estridentes, en voz alta y optimistas. El baile comienza y  los espectadores se unen para celebrar la vida del difunto.  

Otro dato que matiza la entereza del mexicano frente a le muerte, es el hecho de que somos de los países que menos cultura de donación de órganos tiene en América Latina. De por sí, en los países de Latinoamérica apenas se comienza a tomar consciencia de la importancia de dicha práctica.

Podremos decir que no le tenemos miedo a la muerte, y sin embargo, la sola idea de que extraigan los órganos de algún familiar fallecido nos asusta y nos indigna.

Decía el poeta español Federico García Lorca.

Como no me he preocupado de nacer, no me preocupo de morir.

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