Dichos y dicharachos que evocan “la religión”

Esta ocasión, del libro de José Pérez, “Dichos, dicharachos y refranes mexicanos”, rescatamos las frases que en sus enunciados contienen palabras relacionadas con: la religión.

A buen santo te encomiendas

Breve expresión utilizada por quien se siente incapaz de ayudar al amigo o familiar que le solicita un favor.

Al que te hace una, hazle dos, aunque no lo mande Dios.

Olvidando los principios de Jesucristo, el refrán aconseja la venganza, añadiéndole mayor maldad. Al que te hace una, hazle dos, aunque no lo mande Dios.

Bendito entre las mujeres.

Así se le llama al hombre, que como único representante masculino, acompaña a un grupo de mujeres.

A quien no habla, Dios no lo oye.

Con este adagio popular, se recuerda que para conseguir una cosa conviene solicitarla. A quien no habla, Dios no lo oye.

Barato es el pecar, y caro el enmendar.

Fácil es caer en vicio, pero ¡qué difícil es abandonarlo!

Al pasar el río, ¡Hay santito mío!: pero ya pasado, santo olvidado.

Cuando se enfrentan situaciones graves, se suelen hacer propósitos de enmienda, que pronto se olvidan pasando el peligro. Al pasar el río, ¡Hay santito mío!: pero ya pasado, santo olvidado.

Al santo que está de moda, van las mujeres todas; para los Cristos viejos, oscuridad y silencio.

Probado está que hasta en las devociones interviene la preferencia comercial de los consumidores; una muestra son los altares a San Martín de Porres.

Cómicos y abogados, lo mismo hacen de moros que de cristianos.

Preciosa descripción de quien unas veces defiende y otras ataca mediante un pago, adecuado a sus conocimientos. Cómicos y abogados, lo mismo hacen de moros que de cristianos.

A cada capillita le llega si fiestecita.

Nadie puede ser ignorado absolutamente por la suerte o la desgracia ni evitar su destino; en el lenguaje familiar se advierte así a los niños que el siguiente turno de nalgadas es para ellos. A cada capillita le llega si fiestecita.

Aleluya, aleluya. Que cada quien agarre a la suya.

En todas las iglesias cristianas, pero sobre todo en las protestantes, se cantan aleluyas; los mormones, hasta hace muy poco tiempo practicaban la poligamia. Uniendo las dos razones, se afirmaba que en las iglesias protestantes al canto del aleluya se iniciaba una orgía sexual. En la actualidad, utilizamos esta expresión, para que a la voz de ¡Ya!, cada uno de los presentes varones tome dama en un baile. Aleluya, aleluya. Que cada quien agarre a la suya.

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