Jodidos y sin botín para dar

Al escuchar anoche a los reporteros de CNN Anderson Cooper y Sanja Gupta con el informe de la situación en Haití, aparecieron personajes y circunstancias que inevitablemente trajeron a mi mente reflexiones sobre lo irónico de los procesos históricos entre países ricos y pobres.

Parece que cuando en una región miserable hay bajo la tierra petróleo, diamantes o mineral, al ejercito de algún país desarrollado le es más fácil controlar las situación que cuando no hay dicho botín.

El periodista médico de CNN de ascendencia india Sanja Gupta, denunciaba que el equipo médico de Bélgica el fin de semana pasado dejó abandonado un campamento con heridos haitianos debido según ellos, a la falta de garantías de seguridad para el personal.

Recordé que irónicamente fue el imperio belga, el que a base de muerte, abuso y opresión, explotó desde el siglo XIX al pueblo congolés africano en busca de caucho.

Arribó a la isla devastada la secretaria de estado americana Hilary Clinton, unos días después su esposo el ex presidente Bill Clinton: Ella para coordinar los apoyos del gobierno americano y él para supervisar las tareas del personal de las Naciones Unidas.

A los dos probablemente les vinieron los recuerdos de las críticas a la administración de Bill Clinton, por su tibia actuación en el conflicto ruandés de 1994 que desató el genocidio del pueblo Tutsi a manos de la tribu Hutu.

La conclusión, es que sin darnos cuenta tenemos en América nuestro pedacito de África y no precisamente representado por el color de piel o el idioma hablado, sino por la pobreza de la gente, la anarquía en sus gobiernos y el desinterés de la comunidad internacional.

Dicen que no hay nada como estar en Haití para entender la realidad de las cosas, sin embargo, es imposible comparar la efectividad mostrada por los ejércitos estadunidense, británico y español en su operación para invadir un país como Irak, con la aún incapacidad de las fuerzas internacionales de instaurar seguridad y organización en el devastado Puerto Príncipe.

Pareciera que al ser humano aún le es más fácil destruir que construir.

Dijo una vez el escritor francés Voltaire:

La civilización no suprime la barbarie, simplemente la perfecciona.

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